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©2010

Terceras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis

Apertura

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Horacio González


Buenos tardes a todos o buen día. Esta es la tercera emisión de Autopistas de la palabra, es una de las actividades continuas de la Biblioteca Nacional con la iniciativa  de Liliana Heer y Arturo Frydman.
Siempre me llamó la atención el método de trabajo, pero de algún modo representa la continuidad de goces de cualquier acto literario, de cualquier texto y quizá de cualquier aspecto que podamos imaginar no sólo vinculado a la literatura sino a la vida misma. De algún modo el método supone que alguien puede tener la última palabra y que esta nunca será la última. Porque en primer lugar los autores que son puestos a examen, son dispares por el simple hecho de que la escritura, la literatura es un género que postula el texto como una radical diferencia, como una radical singularidad. Esa ilusión es la ilusión de la cual vive la literatura, si es que la vida misma no tuviera esa misma ilusión, no ser ninguna otra cosa que ella misma y eso de una manera profunda y definitiva. Y, sin embargo, una ligera inquietud surge cuando imaginamos que un texto tiene ese grado de peculiaridad, de singularidad que no lo haría propicio para ningún tipo de comparación o de diálogo. Y de ahí aparece lo que llamé el método de estas jornadas: los críticos son invitados a analizar las parejas de autores o de textos. Pero, en principio suena también en uso pleno y adecuado de su estricta singularidad: Gorodischer - Saer, Tununa Mercado - Nicolás Peyceré. De algún modo esos nombres resguardan el hecho de que los límites son ellos mismos y no aceptarían ningún tipo de intervinculación o de articulación. Precisamente esta palabra aparece después en este conjunto de montajes que son las Autopistas de la palabra, puesto que hay una primera voz que se refiere a los textos, materia irreductible, como digo, que es la ilusión de la literatura, pero el crítico a esa materia irreductible siempre la quiere vincular, relacionar, lanzarla a la vida de una manera generosa, de modo tal que por reducción o por sustracción un texto sea todos los textos. Y, después de esos críticos alguien que articula a su vez la palabra de estos críticos de modo tal que, para tomar la palabra que creo que Liliana ha propuesto para esta oportunidad, aparece el enjambre. El enjambre es un tipo de vinculación que nunca está quieta, que siempre se mueve, si es que interpretamos bien esta palabra que habitualmente usamos para el mundo de las abejas. Seguramente trata de todas las cuestiones que tienen que ver con que el mundo está relacionado, estas relaciones son relaciones necesarias, estas relaciones rompen la ilusión de la singularidad absoluta de las cosas, pero las cosas quieren ser rotas así porque quieren vivir cierta comunión, pero esta comunión no puede ser fija y como digo irreductible, entonces tiene que estar en movimiento permanente como bien lo representa el movimiento del enjambre. Si no me equivoco, podríamos decir que el enjambre es el movimiento real de la crítica a lo largo de las épocas y de muchas épocas, es el movimiento inmemorial de la literatura, así que yo personalmente me alegro que la Biblioteca Nacional, que también es un enjambre como se sabe, sea la sede de esta interesantísima experiencia de la crítica literaria que tiene respaldo el psicoanálisis, porque no creo equivocarme también cuando pienso el psicoanálisis como una de las grandes variedades de este enjambre. Es decir, la búsqueda de una palabra profunda que tenga la suerte o el destino de poder explicar a todas las demás. Bueno, bienvenidos entonces.

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Entredichos: cita de poderes
Por Liliana Heer

Algo del espacio implica continuidad, no es solamente una ilusión, cierto estilo de trabajo roza el éxtasis temporal y lo orada. Las Autopistas de la palabra son una suerte de implante -por el carácter autogenerado-, flor recurrente que forma parte del tono de las conversaciones que suelen plantearse en la Biblioteca Nacional. Ahí donde en primera instancia reina la incertidumbre, la sucesión permite entender deslizamientos. La historia no siempre es la misma, tampoco podría ser otra. Leyendo los ejes de las convocatorias anteriores se hace visible una panorámica de los últimos tiempos.
En el 2002 estuvimos reunidos para pensar el trauma, momento de crisis abierta en el país; en junio de 2005 intentamos establecer algunos mojones del cómo seguimos al cómo llegamos teniendo de faro el futuro anterior. Hoy, Junio de 2007, el tema central es el binomio, embudo o consecuencia de dos significantes: pareja y poder. Contacto mordaza o ventana disolutoria de la construcción público - privado, modos de coexistencia del pensamiento en la letra. 
La ficción ofrece la ventaja del embozo donando intervalos de captura de los que indudablemente hemos sido testigos. El relato en escena tiene el sabor de lo vivido. Los escritores y psicoanalistas convocados han leído un corpus de autores que empezaron a publicar a fines de los sesenta. Agrego al sabor de lo vivido un sesgo que fue nuestro árbitro desde el inicio: articular ciertos textos entre sí invita al mestizaje, al cruce, al duelo, a la payada por volver a la metáfora que Horacio González empleó para referirse a esta modalidad del contrapunto.

La propuesta es hurgar en los escondites del poder a través de la lucha sexual, en caída libre o con legalismos de primavera burguesa: “Mi apellido es una forma de decir, desde que nací tengo el de un varón”. Y en el intervalo, quien cambia de marca ¿se inmuniza? El fantasma es al sujeto lo que el poder al cuerpo social, lo más oculto. Arcaísmos, suspenso: husmear en los rasgados aduaneros conduce a diferentes impuestos y presiones, suposición del asalto en vilo, extatismo, uso y abuso.

Entre saber y poder está la clave del hacer, pasaje a la cartografía de los caminos, formas. Lacan habla del analista como portador de un “saber impotente”: excluyéndose del uso del poder hace que las palabras atraviesen su límite. Enunciación fuerte en una época en que el amo neurofisiológico promete soluciones veloces, definitivas y exitosas.
Atención. Un modelo que selecciona lo que debe ser comprendido y lo que debe ser olvidado transforma al sujeto en cuantificable. Nuestra apuesta es mantener a raya los tics reductores, evitar transferencias desplazadas -del texto al caso-, huir de confusiones fatales que llevan a olvidar la distancia existente entre autor y narrador.

“Tal vez alguien pida una escritora … Alguien pide una esposa … No le dice que quiere que no la toque.” Lejos de abolir el conflicto, en Tumba de Jaguares se pone en evidencia la batalla sin fin del entredos.    
 “Un poema es un golpe de gracia.” En la zona. Contar es una buena forma de llegar al acto.

“La penumbra es la única condición para mirar, pero debe saberse que esa penumbra no debe ser interrumpida….” Canon de alcoba. Voces, tertulia, sentidos alertas al deseo, sintaxis turbadora de experiencia extrema.
En el corazón de Junio. Textualidad sedosa, imantada de resonancias. “Un junior, un joven jesuita, camina por la bahía y en el cielo de su lengua busca con los ojos lo que presagia el vuelo de las aves.”

Entre las versiones subversivas del olvido, Cambio de Armas. La protagonista finge aceptar el montaje del sometimiento. No entender, soñar, dormir deviene en quitarle el seguro a la pistola.     
Una tesis sobre el amor, el arte o el arte más acá de la diferencia, ahí donde el poder deambula y convierte al amante en artista. Armonía y desmesura. Se parece a nadie: La explicación.

Pottis esse: ser capaz. De enunciar la aventura del riesgo: Nanina. “Había que experimentar toda cosa exterior que fuese mujer o algo parecido. Toda hembra… Entre las piernas estaba el secreto… Lo supimos por fin, las mujeres tenían dos bocas.”      
Bajo el aura de Martínez Estrada, El Affaire Skeffington. Erótica en los límites del ágape. Ella domina la escena pública sin babas de padecimiento cotidiano. “Mi abuela pertenecía a los que hacen las leyes y las rompen sin consecuencias.”

Encierro, horizonte de reclusión: infancia-muerte. Texto profecía, espacio intermedio entre suspensión y recorte. Con los ojos cerrados, ¿qué se ve?  ¿Sería mejor enceguecer? En Breve cárcel. Si la ley loca es anclada en un hombre, la lengua de hombre bascula el texto en otra cárcel.    
Donde el vacío potencia remolinos de ficción: La ciudad ausente. Metamorfosis de lo visible, el rostro humano en la última trinchera. “Una foto era también un espejo para soñar con la mujer perdida…Ese relato era la historia del poder del relato.” 

Instancias del prohibir, el permitir; condiciones más y menos hostiles. El ansia libidinal y su articulación jurídica. Los automatismos del Derecho en el campo de fuerzas, subjetivo. ¿Para qué sirven las parejas? ¿Cuáles son los obstáculos del dominio? ¿Cómo funciona el sí en el no de la proporción sexual? ¿Existe poder fuera? Fuera del melodrama de la pareja “retro”, fuera de sincronía con la escena cosmética. Es importante pensar en la resistencia que ejercen estos y otros cuerpos textuales, difíciles de ser neutralizados por las muecas tendenciosas del mercado; el desafío que supone inventar una estética refractaria, en vías de disolución jerárquica.